Todo el mundo nace creador.

Tú eres capaz de cosas increíbles. Pero el consumo es la antítesis de eso. Y se vuelve peor cuando lo haces sin darte cuenta: consumo pasivo.

Es como si fueras un camión recolector de basura, recogiendo basura para tu cerebro. Y mientras tanto, te roba el tiempo que podrías estar usando para crear algo activamente.

Estoy convencido de que los creadores que admiras están casi siempre pensando, escribiendo, grabando, leyendo, recopilando ideas, editando. Consumen, sí, pero como consumidores activos. Guardan ideas para después replicarlas. Participan.

Puedes scrollear dos horas y sentirte vacío. O puedes hacer algo, así sea horrible, en 20 minutos y sentirte humano de nuevo. Yo lo he vivido. Descubrí que me gusta crear cosas, y que esa ansiedad por la fatiga cognitiva, la sobrecarga de estímulos rápidos de las redes, desaparecía.

Tú sabes que puedes crear algo increíble. Ese emprendimiento. Ese libro. Esa newsletter que llevas posponiendo. Has vivido cosas valiosas que vale la pena compartir. Estás hecho para más y eres capaz de más. Solo necesitas algo a lo que apuntar.

Algo te está deteniendo

Creo que a ti también te preocupa esto. Por eso sigues leyendo.

Y también creo que en el fondo tienes miedo de algo: de que si empiezas, no vas a tener nada que valga la pena decir.

A mí me pasa muchísimo. Analizo todo antes de hacerlo. Investigo y reinvestigo buscando la forma de que mi trabajo destaque, sobresalga, que la gente lo vea, que le guste al algoritmo. ¿Y sabes qué me pasó? De repente dejé de disfrutar escribir. Dejé de disfrutar hacer videos. Suena exagerado, pero dejé de disfrutar crear. Porque, ¿cuál era el punto? ¿Que me vieran y me dijeran que el video estaba genial? Esa nunca fue la razón por la que empecé.

Esperar, analizar, quedarte en ese bucle de investigación e inspiración infinita relentiza tu creatividad. Está íntimamente ligado a la procrastinación. Te bloquea de ser visto. Y te bloquea de la satisfacción de crear algo tuyo.

El enemigo tiene nombre

No es falta de tiempo. No es el algoritmo. No es talento.

Es una combinación de dos cosas: la dopamina rápida y la fase de investigación infinita.

Cada vez hay más cosas online. Más ideas, más videos, más info, más de todo. Eso te empuja a una fase de investigación que no termina nunca, donde no sabes qué hacer con tanto. Y aunque entres con intención, es inevitable que algo te dispare esa dopamina rápida y te quedes ahí, olvidando por qué agarraste el celular en primer lugar.

Así se ve el bucle:

Crees que mientras más consumes, más te preparas para tu próxima obra maestra. Entras a "investigar" → siempre hay un video, una foto, algo que te engancha y te deja consumiendo pasivamente → evitas crear porque, según tú, todavía no está listo → cuando por fin lo intentas, piensas que podría salir mejor → no lo terminas → y vuelves a la fase de investigación.

Y así otra vez.

3 tipos de acción

Una forma fácil de perderse a uno mismo es consumir tanto que terminas perdiendo de vista quién eres y qué valoras.

Crear es exactamente lo contrario. Cuanto más creas, más probable es que descubras lo que de verdad llevas dentro.

Y no hablo de lograr que más gente abra un Substack o construya una audiencia. El acto de crear, por naturaleza, te obliga a tomar decisiones. Te exige dejar la contemplación pasiva y convertir ideas abstractas en algo tangible. Te obliga a sacar afuera lo que llevas adentro.

El mundo se vuelve más disfrutable y más significativo cuando haces algo.

Hay tres tipos de acción en este mundo:

  1. Destruir: burlarte, menospreciar, derribar.

  2. No hacer nada: a veces es sano; otras veces es posponer aquello que sabes que deberías hacer.

  3. Crear algo: revelar algo nuevo, para ti y para el mundo.

No tiene que ser original. Puede ser una variación de algo que ya existe. Pero la versión que tú hagas será únicamente tuya. Quizá a los demás no les importe, pero a ti debería importarte. Y aunque el resultado no llegue a tus propios estándares, sigue teniendo valor: transformaste una idea que estaba en tu cabeza en algo que puedes sostener con las manos. Esa transformación se parece un poco a la magia.

Hay otro sentido en "hacer algo de ti mismo": no conformarte con la persona que eres hoy. Ese cambio no pasa en un día, ni en veinte. Pero quizá, a los doscientos días, mires atrás y te des cuenta que tal vez crear fue la forma en que te convertiste en alguien nuevo.

Por dónde empezar (es más simple de lo que crees)

Construye un jardín digital.

Empieza a guardar, con intención, las cosas que te inspiran: frases, videos, fotos, lo que sea que sirva de gasolina para que esta vez crees tú. Y arranca un mini proyecto pequeño. Para mí fue escribir una hora, todos los días.

Les juro que cambió la forma en la que vivo.

Porque cuando la creación se vuelve infinita, la selección se vuelve arte. Ahí entra la curación de ese jardín: elegir qué te inspira se vuelve increíblemente satisfactorio, porque sabes que no es replicable. No sé cómo explicarlo, pero hacer algo mío me hace sentir más humano. Y ese simple acto de ser constante te transforma: ya no eres solo un creador más, te vuelves un curador. Alguien que filtra su forma de ver el mundo con tanta claridad que los demás quisieran ver a través de sus ojos.

Curation builds taste.

El gusto personal es lo más valioso que tenemos como personas creativas.

Porque si no decidimos activamente qué leemos, qué vemos y qué oímos, alguien lo decide por nosotros. Y terminamos consumiendo slop y dopamina gratis, servidos por un algoritmo controlado por gente que quizá no comparte tus valores; gente que, al final, quiere que veas publicidad. Si te fijas, todo gira alrededor del consumo: lo que es trending lo haces tuyo, dejas que las marcas definan lo que te gusta.

Pero curar tus propias cosas, con paciencia, buscando lo que conecta de verdad con tu alma, construye un jardín mucho mejor que cualquier algoritmo. Y ese jardín es tuyo.

Juntos en esto

Esto es un proceso. Yo estoy dentro de él, compartiendo lo que he aprendido y lo que sigo aprendiendo.

No soy perfecto. Yo también perdí años de creatividad por la distracción; años viendo a otros crear mientras yo solo consumía. Pero llevo tiempo en esto (cuatro años en YouTube, cinco meses escribiendo semana a semana) y quiero compartir lo que descubrí. Este mini experimento de escribir y crear con intención fue justo lo que hizo que esa sensación de vacío empezara a desaparecer.

Empezar a crear es un ejercicio de vulnerabilidad. Requiere que confíes en tus instintos, en lo que llama tu atención, en tus preferencias. Incluso cuando no se alinean con lo que está de moda.

Ya consumiste suficiente. Empieza tu jardín. Empieza algo pequeño hoy.

Si estos temas te interesan, puedes suscribirte a mi canal de Youtube y también puedes compartir este newsletter a quien creas que pueda servirle, cada semana te envío un correo sobre estos temas, con una sección de descubrimientos que me inspiran. Y en mis redes comparto clips de los videos largos.

Descubrimientos inspiradores

Seguir leyendo