Sorpresa, no es sábado como siempre. Estoy escribiendo esto desde la playa. Vine a celebrar mi cumpleaños. Esta edición justo coincidió con despegarme un poco del trabajo, y la estoy terminando aquí. Espero les guste :)

Hay un ceramista en Instagram que hace piezas hermosas.
Horas de trabajo. Arcilla, forma, textura, fuego. Objetos que claramente costaron algo — tiempo, atención, energía.
Y luego los destruye. A propósito.
Los aplasta. Los deja caer. Los rompe con sus manos. Obviamente es un pro y los videos los sube en redes pero eso no quita el tiempo y esfuerzo.
Se llama Joel Cherrico (@cherricopottery) y cuando lo vi por primera vez no entendí nada. ¿Para qué crear algo así si lo vas a destruir? ¿No es un desperdicio? ¿No le duele?
Imaginate destruir un trabajo tuyo luego de invertir horas de esfuerzo y dedicación.
Este newsletter surgió de este ejemplo combinado con una frase que creo que trata de explicarlo.
Cada vez que veo cosas que me obligan a reestructurar como veo el "crear" cosas, quiero compartírselas y bueno hoy es con ejemplos y mi punto de vista.

El problema con llamarle "arte" a lo que haces
Kieran O'Hare, pintor, dice algo interesante:
"No hago arte. Hago cosas. Verlo así evita que lo que hago se vuelva precioso. Y eso es algo bueno, porque lo precioso es tímido — y eso es malo."
Precioso. Esa palabra.
Cuando algo se vuelve precioso en tu cabeza, es decir, demasiado valioso, demasiado sagrado, demasiado importante para tocarlo, cualquier intento de modificarlo podría, según tú, arruinarlo.
Es como si ya no trabajaras con libertad. Hace que trabajes como con miedo.
Miedo a que un movimiento en falso lo arruine todo. Miedo a que si lo publicas antes de que esté listo, lo matas. Miedo a que si te arriesgas un poco más de lo cómodo, lo eches a perder.
Es como pintar con una mano atada a la espalda, dice O'Hare.
Te muestro un ejemplo mío.
El Tungurahua
Hago montañismo. Y hace un tiempo quería subir el Tungurahua — un volcán en Ecuador — y hacer un mini documental.
Ese iba a ser mi primer video en YouTube.
El problema era que en mi cabeza, ese video se había vuelto sagrado. No podía subir nada más antes de ese. No podía publicar videos menores, videos de prueba, videos imperfectos, porque ESE era el primero, y el primero tenía que ser el correcto.
Pasaron semanas. Meses. Cómo yo que llevo grabando y editando por años puedo subir un “video cualquiera” jaja
No sabía si iba a poder ascender el volcán. No sabía hacer documentales. No tenía claro cómo editar ese tipo de historia. Pero sobre todo — no me permitía fallar con algo tan valioso para mí.
Lo guardaba como oro.
Y mientras lo guardaba, no creaba nada.
Al final lo subí, el volcán y el documental jaja que se llamó "Porque Subo Montañas." Llegó el punto donde solo dije ya que. No era el documental más perfecto. No tenía la mejor historia. Había ángulos que no funcionaban, momentos que hubiera editado diferente.
Pero lo subí.
Y esa sola decisión de soltar lo precioso como que abrió todo. Empecé a subir más. Aún lidiando con esto con lo que lucho siempre que es el "perfeccionismo" pero ese video me dio un mini escape para tratar de evitarlo y solo contar historias. Con cada video fui centrándome menos en el ángulo perfecto y más en la historia, en la idea, en lo que quería decir.
Dejé de hacer “arte”. Empecé a hacer cosas.
Por qué crear no se trata de ti
Esta frase llamó mi atención. Era de un artista medio polémico.
"Embriágate — con vino, con poesía, con virtud, pero embriágate."
La puedo traducir en que hay algo en el acto de crear que pide que te salgas de ti mismo.
Eihei Dōgen, monje zen del siglo XIII, lo dijo de otra manera: "Cuando el yo se olvida, el mundo aparece."
Crear no es una expresión de tu personalidad. Es un escape de ella.
Cuando te preocupa demasiado cómo quedas, qué van a pensar, si está lo suficientemente bien — estás siendo demasiado tú. Demasiado racional. Demasiado en tu cabeza.
Damos lo mejor de nosotros cuando no pensamos en nosotros mismos.
Y eso es exactamente lo que Joel Cherrico hace cuando destruye su cerámica. No le está quitando valor a lo que creó, le está quitando el peso de tenerlo que proteger, y bueno también obtiene viralidad jaja. Pero fundamentalmente creo se libera de la armadura.
Sin riesgo. Sin soltar lo precioso. Sin cruzar la línea de lo cómodo. Nada puede destacar y todo sería una copia de todo.

Entonces, ¿qué tienes tú en un altar?
Hay algo que guardas.
Un video que llevas meses "terminando". El libro que quieres escribir pero no lo haces. Un proyecto que espera a que estés más listo. Un post que no has publicado porque el momento no es perfecto. Un newsletter que revisas una vez más antes de enviarlo — otra vez.
Lo tratas como si publicarlo mal fuera a arruinar algo para siempre.
No va a arruinar nada.
Todo lo que creas falla antes de que funcione. Eso no es un problema del proceso — es el proceso.
Empieza a hacer cosas. No arte. No obras maestras. No la versión perfecta de lo que podrías llegar a crear algún día.
Cosas. Ahora.
¿Qué tienes guardado como demasiado valioso? Responde este email — quiero saberlo.
Gracias por leer,
Kevin


