
Salgo con amigos del colegio y a veces me pierdo.
No físicamente. Estoy ahí, en la misma mesa. Pero hay un momento donde me desconecto y empiezo a observar en lugar de participar. Me pregunto qué está pensando cada uno. Qué los mueve. Si alguno se hace las mismas preguntas que yo o si simplemente no les pasa.
Me hago preguntas raras. Para qué estamos aquí. En qué puedo mejorar. Si lo que estoy construyendo tiene sentido. Si debería seguir un camino más trazado o si ese camino ni siquiera existe.
No sé si la gente piensa estas cosas y no las dice. O simplemente no las piensa.
Creo que todos, en algún momento, copiamos versiones populares de lo que queremos ser. No porque seamos falsos, sino porque es lo que hacen los seres humanos: aprendemos mirando hacia afuera.
Los niños aprenden a hablar escuchando a los demás. Los adolescentes se visten igual para sentirse parte de algo. Los adultos consumen las mismas fuentes de información, repiten las mismas opiniones, siguen los mismos pasos. Es natural. De hecho, es lo que enseñan.
Pero alguien que decide seguir su propia vocación —construir algo desde adentro, crear desde un lugar genuino— se enfrenta a una tarea distinta: vivir en coherencia consigo mismo. Prestarle atención a lo que está ahí adentro, aunque nadie te lo haya pedido y aunque no siempre sea cómodo.
Todos nacemos siendo originales
Carlo Acutis tenía 15 años cuando murió. Era un joven programador italiano, apasionado de la tecnología, y dejó una frase cierta:
"Todos nacemos siendo originales, pero muchos mueren como fotocopias."
Entonces dado que naciste como una persona irrepetible —con una combinación única de talentos, historia y forma de ver el mundo— ¿cómo vas a mantener esa irrepetibilidad en una época diseñada para que copies, repliques y te adaptes?
No es retórica. Es una que me hago seguido.
La soledad de mirar adentro
Mirar adentro se siente solitario. No hay certificado al final, nadie te enseña cómo hacerlo, y no siempre tienes con quién comparar notas. La mayoría está ocupado, distraído, o simplemente eligió no ir por ahí.
Lo que no esperaba es que ese mismo hábito me volviera genuinamente más curioso por los demás. No para encajar. Sino para ver si alguien más vive algo parecido. Me interesa saber qué inspira a la gente, qué los mantiene despiertos, qué están tratando de construir.
Hay algo que te guía cuando aprendes a escucharlo. Y mientras más le prestas atención, más fácil es notar si lo que estás haciendo viene de ti o de lo que se supone que deberías hacer.
Este año decidí exponerme. Por ejemplo estoy consumiendo más arte que me llame la atención sin entender del todo por qué. Libros que normalmente no leería. Experiencias que me pongan a pensar más en mí.
Cosas desordenadas, porque nuestro interior también lo es.
Hacer conexiones, internalizar ideas, descubrir qué me sirve y qué no, va mucho más allá de dejarse llevar por un algoritmo. Requiere saber qué quieres tú. Tener el deseo innato de entenderte. La voluntad de equivocarte y la capacidad de aprender de eso. No es un proceso limpio ni lineal. Pero vale intentarlo.
Este newsletter nació de ese proceso. Cada tema que toco me obliga a mirar hacia adentro. Y me he dado cuenta de que cuando escribo sobre creatividad, sobre construir cosas, sobre cómo nos movemos en el mundo, siempre estoy rondando la misma pregunta.
¿Qué sientes tú, mientras todo a tu alrededor te pide que seas otra cosa?
No tengo respuesta. Pero sí creo que empieza por prestarle atención a lo que está ahí adentro. Aunque se sienta solitario. Aunque todavía no tenga nombre.
Si te interesa la parte visual de todo esto, en mi canal de YouTube es donde lo documento.
Gracias por leer,
Kevin
Descubrimientos inspiradores
Descubrí una app que se llama Sublime. Créanme cuando les digo que hasta ahora es la que más se acopla a mi proceso creativo que es bastante visual. Guardas una cosa y descubres mil más. Es por eso que ahora verán los newsletters con cosas más visuales, ya no solo fotos.



