Después de graduarme probé de todo.

Asistente de cirujano. Fotógrafo. Videógrafo freelance (algo que aún hago medio tiempo). Afiliado de Hotmart. Amazon FBA. Proyectos creativos que ahora están en cuentas de Instagram que no abro en años.

Nada funcionaba de manera tan consistente. Y la mayoría de cosas no "despegaban".

En esos días, cuando me levantaba inseguro y dudaba de todo, me decía que tal vez el problema era yo, que no puedo enfocarme en una sola cosa.

Pero el momento que más me marcó no fue ninguno de esos intentos.

Fue un día en el carro con mi papá.

Íbamos a la graduación de un primo. El camino era largo y en la radio no había nada interesante. Rara es la vez que hablo con mi papá con profundidad, pero ese silencio abrió algo. En algún punto soltó una frase que debió haberle dado vueltas en la cabeza desde que supo que asistiría a una graduación:

"Siempre quise ser economista. Nunca ingeniero civil. Pero mi papá me dijo que siguiera esa carrera mejor."

Me quedé callado.

Empecé a imaginar a mi papá de joven, viendo qué hacer con su vida, con esa orden de su papá encima. ¿Cuáles eran sus curiosidades? ¿Se veía cantando? ¿Se veía haciendo números? ¿O le tocó hacer lo que le dijeron?

Eso me aterró más que cualquier proyecto fallido.

No quería llegar a los 40 con esa misma frase atascada en la garganta.

Creo que la pregunta de "¿por qué no puedo elegir una sola cosa?" estaba mal planteada desde el principio.

El tema no era sobre tener demasiados intereses. Me faltaba un vaso donde meterlos.

Una sola pieza

La educación es un tema que se ha vuelto muy interesante para mí. Siempre nos quejamos de cómo en nuestro país debemos cambiarla o mejorarla, pero mientras estudiamos no lo vemos así.

Tal vez en la era industrial ser una pieza de una máquina más grande tenía sentido. "Ser el mejor en algo — pero que solo sea una cosa."

Pero cada vez me doy cuenta de que el mundo actual ya no recompensa esas piezas como antes — recompensa a quienes pueden ver el tablero completo.

Los CEOs, los fundadores, los creativos más exitosos son casi siempre generalistas. Personas que cruzaron ideas de dominios distintos y construyeron algo que nadie más podía replicar. La habilidad pura deja de ser la ventaja — lo que importa es cómo ves y haces las cosas de forma única. Tu perspectiva.

Y la perspectiva solo se construye acumulando experiencias en múltiples direcciones.

La época del Renacimiento fue una locura, y si puedo elegir un personaje favorito de esa época fue Leonardo da Vinci — un ejemplo perfecto de ser generalista.

Me sorprende cómo pudo combinar tantas cosas y de esas tantas cosas surgió un legado. Su curiosidad incesante unió la belleza artística con la comprensión científica del mundo. Esta frase suya me encanta:

"Para desarrollar una mente completa: estudia la ciencia del arte; estudia el arte de la ciencia. Aprende a ver. Date cuenta de que todo se conecta con todo lo demás."

Leonardo da Vinci

Intersección de las cosas

Cada interés que tienes no existe solo. Existe en relación con los demás. Y ahí es donde está tu edge real. Por ejemplo:

Psicología + Diseño = ves el comportamiento del usuario de una manera que un diseñador puro nunca vería.

Ventas + Filosofía = cierras tratos de una forma que ningún vendedor convencional puede replicar.

Fitness + Negocios = construyes empresas de salud que los MBA no comprenderían.

Cada interés que agregas expande tu capacidad de modelar la realidad. Ves más conexiones. Resuelves más problemas. Creas más valor.

No a pesar de tus múltiples intereses. Gracias a ellos.

Emilie Wapnick - autora de How to Be Everything - tiene un nombre para personas como tú (y como yo): multipotencialistas.

No es un diagnóstico. Es una descripción.

Personas con múltiples intereses que a veces sienten que no van a ningún lado. Que no pueden comprometerse. "Que algo está mal en ellos."

Lo que Wapnick encontró es que esas personas tienen fortalezas que los especialistas no tienen:

  • Combinan conocimientos de campos distintos para generar soluciones que nadie más ve.

  • No le temen a ser principiantes. Toman más riesgos.

  • Pueden tener múltiples fuentes de ingreso y son casi irreemplazables.

  • Ven cómo las ideas individuales se conectan con el todo.

Si me ponen a elegir solo uno de mis intereses, honestamente no sabría cuál. Y creo que tú tampoco. Por eso la pregunta no es cuál elegir — es dónde meterlos todos.

Para mí fue tener una voz online. Un espacio donde puedo profundizar y expresar todo lo que me gusta — neurociencias, filmmaking, desarrollo personal, creatividad. Todo confluye ahí. Por medio del storytelling, contando historias.

Soy mega curioso. Y en algún punto me pregunté: ¿cómo hago algo útil con todas estas ideas que tengo dando vueltas? ¿Cómo las estructuro? ¿Cómo las convierto en algo mío?

La respuesta fue contar historias. Porque los humanos tomamos lo que hemos vivido (pasado), lo combinamos con nuestra perspectiva (presente), y creamos algo que nadie más puede crear exactamente igual (futuro).

Y bueno, los ojos están en las redes. Entonces ahí fue donde decidí construir el canal.

Lo que hago para no volverme loco

Después de mucho ensayo y error llegué a algo simple. No perfecto, pero funcional.

1. Acepta que hacerlo todo es imposible

Esta parte es complicada. Pero no lo veas como rendirte, míralo como ser honesto contigo mismo. Cuando intentas hacer todo al mismo tiempo no haces nada bien. La energía se divide, el foco desaparece y terminas sintiéndote culpable por todo lo que no avanzaste.

Encuentra el canal o filtro donde todo confluya, construye algo con esas habilidades e intereses.

No te preguntes ¿cómo hago todo? Sino ¿qué va primero?

2. Crea una jerarquía, no una lista

Una lista de intereses es solo ruido. Una jerarquía es una decisión.

Identifica cuál de tus intereses puede ser el canal donde los demás fluyen. Para mí fue el storytelling: me permite hablar de filmmaking, de psicología, de negocios, de creatividad. Todo cabe ahí.

Escríbelo. Ordenar las prioridades en papel las ordena también en la cabeza.

¿Cuál es el tuyo?

3. Bloquea tiempo para lo no negociable

Hay cosas que, si no las haces, sientes que traicionas algo en ti.

Para mí es escribir. Este newsletter, mis guiones, mis notas. Eso va primero en el calendario. No cuando "haya tiempo". Primero.

El resto de tus intereses viven en los espacios que quedan. Y está bien. Cuando tienes prioridades claras, puedes disfrutar el ocio sin sentirte culpable.

4. Tu perspectiva es tu ventaja final

Esto es lo que ninguna IA puede replicar fácilmente: la forma en que tú ves el mundo, formada por la combinación exacta de experiencias que solo tú has tenido.

No intentes sonar como nadie más. Tu rareza — la intersección específica de todo lo que te interesa — es tu ventaja.

Hubo un momento en que dejé de preguntarme "¿cuál es mi nicho?" y empecé a preguntarme "¿cuál es mi perspectiva?"

Las dudas todavía existen, pero dejé de pelear contra lo que soy y empecé a construir desde ahí.

No quiero que llegues a los 40 con una frase atascada en la garganta.

Si te interesa todo, no estás roto. Solo necesitas un canal. Lo estás haciendo bien.

Si esto resonó contigo, estás en el lugar correcto.

Y si conoces a alguien que siempre está saltando de interés en interés y siente que algo está mal en él — reenvíale esto. Puede que sea justo lo que necesita leer hoy.

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