Me gusta salir, caminar, aprender cosas nuevas, visitar museos, viajar, conocer nuevos lugares. Los fines de semana no me quedaba tranquilo — quería subir algún cerro o ir al museo a ver qué había. Mientras más hacía, más quería hacer.

Siempre he sido así. Mi infancia estaba llena de aventuras de pesca e idas a la playa. Con el tiempo me hice adicto a aprender cosas nuevas. Muchas cosas me interesan, y la forma de transmitirlas es escribir o grabar esas experiencias. Ver cada día como una oportunidad de descubrimiento.

La cosa es que en algún punto del camino sentí que perdí un poco ese placer. Estaba pasando demasiado tiempo online optimizando cosas, tomando muy en serio lo que las personas pensaban de mí. Me volví hiperconsciente de mí mismo e inseguro de mi trabajo y de lo que me hacía feliz.

Lo sentí de nuevo hace poco, cuando viajé a donde vive mi papá — un lugar rodeado de ríos y campo, mi lugar de aventuras cuando era pequeño. Debo confesar que pasé más tiempo en la computadora de lo que me hubiera gustado.

Y no soy el único. Hay un estudio que explica exactamente por qué pasa esto — y lo que encontraron me generó un poco de incomodidad y, bueno, también un poco de tristeza, para ser honesto.

En algún lugar de Mache

Este estudio hablaba de cómo documentar experiencias para compartirlas en redes puede reducir el disfrute real de esas experiencias.

Un estudio del Journal of Consumer Research encontró que las personas que toman fotos con la intención de compartirlas disfrutan menos el momento. Y otro estudio en Psychological Science mostró que aunque las fotos mejoran la memoria visual, lo hacen a costa de perder otros detalles: los sonidos, las conversaciones, el feeling real de ese momento.

Es como si al enfocarte en capturar, dejaras de vivir.

Y además hay algo shockeante, cuando empiezas a tener audiencia, la autenticidad se convierte en una tentación de performance. Empiezas a hacerte preguntas raras:

  • ¿Qué versión mía funciona mejor?

  • ¿Qué parte de mi historia da más retención?

  • ¿Qué vulnerabilidad convierte más?

Dejas de expresarte y empiezas a optimizarte.

Eso mata algo.

La gente puede perdonar una cámara de mala calidad. Pero no siente que la estén manipulando. Y en la era de la IA, la autenticidad falsa va a ser cada vez más obvia.

Lo real es messy

He estado trabajando con una marca de café llamada Sailor Coffee, haciéndoles videos y contenido. Y algo que aprendí de Andrea, la dueña, es que ella siempre valora lo simple sobre lo producido.

Cada mes crean un café nuevo. Y esta vez grabé todo el proceso: los errores, las pruebas, el caos de experimentar hasta llegar al resultado final. No solo el producto pulido — todo el relajo detrás.

Instagram post

Eso es construir en público. Mostrar el proceso real, no solo el resultado perfecto.

Y tengo otro ejemplo (también relacionado con café jaja)

Eder es un barista que conozco desde hace tiempo. En lugar de esperar tener el equipo perfecto o la locación ideal, abrió su propia cafetería móvil... en su carro.

Su esposa Katherine le dijo: "Ya compramos el carro, montémonos en el carro." Y eso hicieron.

Descubrieron que los asientos se reclinaban completamente. Mandaron a hacer un mueble de madera a medida que entra en el maletero: la máquina, el molino, los siropes, todo.

Hoy Eder es viral en redes. No por tener producción perfecta, sino por ponerle amor y pasión real a lo que hace.

El patrón es claro: ninguno esperó las condiciones ideales. Ambos mostraron el proceso. Ambos conectaron.

Pasa sin darte cuenta

Nadie empieza a "performar" de un día al siguiente.

Empieza despacio. Primero es solo "quiero compartir esto". Después es "¿cómo lo cuento mejor?". Después es "¿qué ángulo funciona más?". Y en algún punto del camino, sin que te des cuenta, dejaste de vivir la experiencia para empezar a producirla.

Bueno, en este viaje que les digo lo noté bastante. Estaba en un lugar que me encanta, con personas importantes para mí, y parte de mi cabeza seguía pensando en el trabajo. No porque fuera urgente. Sino porque el modo "creador" no se apaga fácil.

Y eso es performing. No necesariamente frente a una cámara. A veces es solo estar en tu propia vida como si fuera contenido.

Yo dejé de usar TikTok e Instagram como antes. Siempre me daba ansiedad.

Lo que hice fue simple:

1. Guardé las fotos en álbumes privados. Sin pensar en cómo se ven o cómo aparecen. Solo para mí.

2. Me pregunté para quién estaba publicando. Instagram mezcla amigos, familia, compañeros, conocidos — gente que nunca se juntaría en la vida real. Cada publicación se vuelve pesada porque estás actuando para todos al mismo tiempo.

3. Empecé a capturar menos y a estar más. No es que dejé de tomar fotos. Es que ahora me pregunto antes de sacar el teléfono: ¿esto lo estoy viviendo o lo estoy grabando?

Ahora subo cosas más random. Sin preocuparme de que todo sea perfecto. Porque mi vida no son solo paisajes cool. Y está bien mostrar eso.

Si estás construyendo algo — una marca, un proyecto, una forma de ver el mundo — no necesitas esperar a que esté "listo".

Lo real es messy. El proceso es desordenado. Y eso es exactamente lo que conecta.

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