Deja de esconderte

El mundo tiene espacio para ti

Esto es una carta. Para mí. Y para ti.

Siento que hay algo hermoso en no esconderse.

No lo he sentido completamente. Pero he tenido atisbos de lo que se siente. Momentos breves donde todo se alinea. Donde no estoy actuando. Donde simplemente soy.

Lo más seguro es escondernos. La opción siempre está ahí y todos sentimos esa necesidad. Por protección. Por evitar vergüenza. Por miedo a que nos vean como realmente somos.

Cuando nos ocultamos, estamos disculpándonos. Disculpándonos por existir. Por ocupar espacio. Por tener una voz.

Cuando en realidad no deberías disculparte por absolutamente nada.

Me he dado cuenta que todos tenemos máscaras. Presentamos nuestra versión socialmente aceptable. La versión que no incomoda. La que cabe. La que no hace ruido.

Y nos hemos acostumbrado tanto a eso que ya ni lo notamos. La máscara se siente como piel.

Pero qué pasa si vivimos. Si verdaderamente mostramos quiénes somos.

Siento que no lo hago el 100% de las veces. Pero lo he podido vivir de forma esporádica. En momentos como este. Con personas como estas.

Llámenle crisis de los 30. O realización de que somos finitos en la tierra. Que el tiempo no espera. Que un día esto será solo un recuerdo.

Y esto es más bien una lección que quiero aplicar este año. Un recordatorio para mí.

Y para ti, que te escondes. Que a veces sientes que tienes que ser menos para caber.

Te ruego que no te hagas pequeño. No te disculpes por quien eres.

El mundo tiene espacio para ti. Tal como eres. No la versión editada. No la versión que crees que quieren ver.

Tú. Completo. Con todo.

Nunca es tarde para hacer algo tan osado y peligroso como permitirse ser uno mismo.

Es aterrador. Lo sé. Yo también lo siento.

El secreto es reconocer aquello que nos surge con facilidad. La respuesta fluida. El impulso que reprimimos. En nuestras acciones espontáneas suele radicar nuestra sabiduría interior.

Eso que quieres decir pero no dices. Eso que quieres hacer pero no haces. Ahí está la respuesta.

Si te sientes muerto por dentro, es porque no te estás permitiendo sentir.

Una vez comienzas a hacerlo, lo que te separa del resto del mundo va desapareciendo poco a poco. Las paredes caen. Todo cobra vida.

Las risas son genuinas. Los encuentros son verdaderos. Tus reacciones, genuinas. Ya no estás actuando. Estás viviendo.

Y te ruego que te adueñes de eso. Porque ese eres tú. Tus emociones y sentimientos. Tus contradicciones. Tu desorden.

Adueñate de tus palabras y acciones.

Ahí es donde la libertad te espera.

Nos vemos del otro lado. Sin máscaras.

— Kevin

PD: Esta carta también existe en video. Míralo aquí.