- Artesanías Mentales
- Posts
- Obsesiónate con tu propia vida
Obsesiónate con tu propia vida
Elegirte a ti mismo en un mundo que te pide que te abandones
El mundo intentará hacerte olvidar quién eres.
Intentará arrastrarte a su prisa, su ritmo, su caos. Te convencerá de que no tienes tiempo para conocerte, que no tienes el lujo de priorizar, que no tienes la energía para ser disciplinado, que no tienes la claridad para tomar decisiones, y que no tienes la calma para encontrar propósito.
Pero la verdad es que no puedes permitirte no hacerlo.

¿Estoy viviendo mi vida o la vida que otros esperan de mí?
Scrolleas, comparas, ajustas. Publicas, consumes, respondes. Estás ocupado. Pero si alguien te pregunta "¿hacia dónde vas?", no tienes una respuesta clara.
Y lo peor es que ya lo internalizaste. Cuando piensas en qué crear, qué decisión tomar, qué camino seguir... ¿de quién es esa voz? ¿Tuya? ¿O un collage de influencers, expectativas familiares y algoritmos? Mi año pasado está lleno de estas preguntas.
Llegamos a un punto donde no sabemos qué queremos. Solo sabemos qué no queremos. "No quiero un 9-5" no es una visión. Es una huida.
Y mientras tanto, la vida real—tu vida—pasa. No la estás viviendo. La estás posponiendo.
¿Qué significa obsesionarte con tu propia vida?
Tal vez pienses que es vanidad o es narcisismo. Pero creo que es lo opuesto.
Es reconocer que tu tiempo, tu energía, tus pensamientos y tus decisiones son valiosos. Es elegirte a ti mismo en un mundo que te grita constantemente que te abandones.
Y esto requiere tres cosas:
1. Conócete a ti mismo
No puedes obsesionarte con tu vida si no sabes quién eres.
La mayoría vivimos en piloto automático. Seguimos narrativas que otros nos impusieron sin cuestionar si son nuestras. Actuamos según expectativas sociales porque nos dan una falsa sensación de seguridad—si hago lo que se espera, seré validado.
Pero eso limita tu percepción de lo que es posible.
Conocerte significa quitarte de los hombros el peso del condicionamiento. Significa preguntarte: ¿qué me motiva realmente? ¿Cuáles son mis miedos? ¿Mis deseos? No los que debería tener. Los que son míos.
Es trabajo incómodo. Pero es el fundamento de todo lo demás.
2. Prioriza sin piedad
El año pasado hice algo que nunca había hecho antes: dije "no" más que en toda mi vida.
No a compromisos que no me sumaban. No a proyectos que sonaban bien pero no se alineaban con lo que quería construir. Me di permiso de reservar tiempo para crear, para aprender, para estar conmigo.
No se trata solo de manejar tu tiempo. Se trata de ser estricto con lo que puede ocupar el espacio limitado de tu vida.
No todas las oportunidades merecen tu atención. No todas las personas merecen tu energía. Decir no a lo que no se alinea con tu visión no es egoísmo. Es autopreservación.
Cuando te obsesionas con tu vida, dejas de permitir que otros dicten tus prioridades. Creas tu propia jerarquía de importancia. Y la defiendes.
3. Disciplina: el acto de estar para ti
Esto me costó entenderlo.
¿Cómo pueden las restricciones dar paso a mayor libertad, o a más creatividad? Se sentía contradictorio.
Pero la disciplina no es lo que te limita. Es lo que abre caminos que estaban bloqueados bajo el desorden y el caos. Sin parámetros, no hay forma de medir si avanzas o retrocedes. El éxito y el fracaso se vuelven confusos.
La disciplina real es hacerlo cuando no quieres. Avanzar cuando todo se siente pesado, cuando las distracciones se ven tentadoras, cuando las excusas son infinitas.
Es el puente entre donde estás y donde quieres estar. No es perfecto. No es glamoroso. Pero es lo que te empuja hacia adelante. Día tras día.

Obsesionarte con tu vida no es una decisión que tomas una vez. Es una práctica diaria. Un compromiso. Una promesa que te haces cada mañana—y a veces tienes que renovarla a mitad del día porque volviste a caer en viejos patrones.
Y está bien. Obsesión no es perfección. Obsesión es persistencia.
Porque un día, mirarás atrás a tu vida.
Mirarás las decisiones que tomaste, las personas que mantuviste cerca, los límites que defendiste, los sueños que perseguiste, y la versión de ti mismo que finalmente te permitiste ser.
Y ese día…
Espero que puedas mirar tu vida y decir:
"No esperé a que alguien me salvara. No esperé el momento perfecto. No esperé permiso. Me elegí a mí mismo. Me construí a mí mismo."
Si esto resonó contigo, cada semana escribo sobre creatividad, storytelling y cómo construir algo propio sin perderte en el proceso. Suscríbete al newsletter.
Gracias por leer,
Kev.