Llevo 22 semanas escribiendo este newsletter. Todos los domingos. 22 domingos seguidos donde me siento, abro el documento y empiezo a escribir.
No empecé para crecer en internet. Ni para monetizar. Ni siquiera sabía si alguien lo leería. Empecé por curiosidad, por ver qué pasaba si me comprometía a algo todas las semanas, sin excusas, aunque nadie estuviera mirando.
22 semanas después, sigo aquí. Y creo que tú también necesitas algo así. No necesariamente un newsletter. Un mini proyecto creativo. Algo que sea tuyo.
🎥 Esta semana también lo grabé en video. Si prefieres verlo, está aquí:
Así como necesitas mover el cuerpo, dormir bien o comer decente, necesitas un espacio donde crear sin expectativas. Donde no haya algoritmo mirando. Donde puedas ser malo, inconsistente, curioso. Donde la única persona a la que le rindes cuentas eres tú.
Cuando no tienes ese espacio, las semanas pasan. Y un día miras atrás y no sabes muy bien qué pensabas, qué sentías, en qué te estabas convirtiendo.
Y si me dices “Kevin, pero es que yo no soy creativo” o “mi vida no es lo suficientemente interesante para documentar”, te entiendo. Yo vengo de medicina. Mi formación es ver pacientes, no hacer contenido. No estudié cine, no estudié escritura. Empecé a crear a los 30, part-time, sin saber nada.
La creatividad no es un talento. Es un músculo, y crece si lo usas.
Las 7 cosas que cambian cuando tienes un mini proyecto creativo
No importa si escribes, dibujas, tomas fotos o grabas. Las primeras semanas son torpes. Pero si te quedas, algo empieza a moverse.
1. Te obliga a ordenar tus pensamientos. Durante la semana mi cabeza es un caos. Ideas sueltas, conversaciones, cosas que leo, videos que veo. Todo flotando. Pero cuando me siento el domingo, ese caos empieza a tomar forma. A veces sale un newsletter. A veces solo salen tres párrafos que nunca publicaré. En ambos casos, salgo con la cabeza más clara que cuando entré.
2. Te vuelves más atento a tu propia vida. Desde que tengo este ritual, noto más cosas. Una frase que dijo alguien. Un detalle de mi rutina que antes ignoraba. Algo que me molestó y no sabía por qué. Cuando sabes que el domingo vas a crear algo, vives la semana con otros ojos. Todo se vuelve material. Y esas cosas pequeñas que juntas hoy son las semillas de lo que vas a crear después.
3. Te da algo que esperar. Suena simple, pero tener un ritual semanal cambia tu relación con el tiempo. El domingo ya no es solo el fin de la semana. Es el día en que me siento con un café, pongo música, y por una hora el mundo se reduce a una página en blanco.
4. Construyes algo que las plataformas no te pueden quitar. Mi newsletter no depende del algoritmo de YouTube. No depende del feed de Instagram. Es mío. Una lista de personas que decidieron invitarme a su bandeja de entrada. Eso no se copia, no se demonetiza, no desaparece si cambian las reglas. Y lo construiste tú, semana a semana.
5. Es un espejo que no miente. Tener un proyecto semanal me ha obligado a ser honesto conmigo mismo. No puedes hablar sobre creatividad si no estás creando. No puedes hablar sobre vencer el miedo si tú mismo estás paralizado. Tu proyecto te devuelve una imagen de quién eres realmente, no de quién dices ser. A veces lo que ves no te gusta. Pero es real. Y solo desde lo real construyes algo auténtico.
6. Honras en quién te estás convirtiendo. 22 semanas después no soy el mismo que empezó. Leo los primeros newsletters y me da un poco de cringe, honestamente. Pero también veo el progreso. Veo a alguien que estaba probando, tanteando, buscando su voz. El cambio es tan gradual que si no lo documentas, no lo notas.
7. Las semanas pasan igual. Pero cuando creas, dejan huella. Esta es la razón que más me pesa. La vida se va rápido. Las semanas se acumulan. Si no tienes un espacio donde detenerte a mirar lo que estás viviendo, un día te despiertas y no sabes cómo llegaste hasta aquí. Mi newsletter es mi forma de decir: esta semana importó. Yo estuve aquí. Esto estaba pensando. Esto estaba sintiendo.
En realidad no se trata del newsletter
Ni de las fotos. Ni del sketchbook. Se trata de que cada domingo, por una hora, el ruido se apaga. De sentarte frente a la página en blanco y preguntarte: ¿qué pasó esta semana? ¿Qué sentí? ¿En qué me estoy convirtiendo? De no dejar que la vida te pase sin detenerte a mirarla.
Y lo curioso es que no se queda ahí. Escribir los domingos me dio claridad para grabar mejor. Muchos de estos videos nacen de un párrafo que escribí un domingo cualquiera. El texto se vuelve guion, el guion se vuelve video, y el video se vuelve conversación. Pero todo empieza en ese documento en blanco.

Cómo empezar el tuyo
No necesitas un dominio, ni un logo, ni una estrategia. Algunas formas de empezar:
Escribir. Es lo que yo hago. Un documento de Google, una fecha fija en el calendario, y la decisión de mandarlo aunque no sea perfecto. Yo empecé con 30 personas, la mayoría amigos. No necesitas mil suscriptores. Necesitas una razón para escribir.
Un diario visual. 10 fotos al mes con tu celular. Imprímelas si puedes. Pégalas en una pared. El simple acto de documentar lo que ves te cambia la mirada.
Un sketchbook. No tienes que saber dibujar. Siéntate en un café, mira lo que tienes alrededor, y dibuja lo que ves. El punto no es el resultado, es el acto de observar.
Documentar con el celular. 30 segundos al día. Un clip de algo que te llamó la atención. Al final del mes tienes un video de tu vida sin haber hecho nada extraordinario.
Lo importante no es el formato. Es la intención. Tú pones las reglas.
Y tres cosas que me funcionaron sin importar qué elijas:
Haz un pacto pequeño y concreto. “Voy a [escribir / tomar fotos / dibujar] cada domingo durante un mes.” Escríbelo en un papel o mándaselo a un amigo. Ponerle forma a la intención te da un empujoncito para aparecer.
Crea como hablas. El peor error es ponerte un traje que no es tuyo. Si en persona dices “qué locura”, dilo en tu proyecto. La voz se encuentra usándola, no planeándola.
Empieza sin testigos. No le digas a nadie. No lo publiques. Hazlo solo para ti las primeras semanas. Cuando nadie está mirando es cuando descubres si de verdad lo disfrutas o si solo querías la validación. Y sin darte cuenta, te muestras a ti mismo que eres capaz. Aunque el mes se acabe, eso se queda.
22 semanas después, esto sigue siendo un pequeño experimento. No sé exactamente hacia dónde va. Pero sé que cada domingo me siento, abro el documento, y escribo. Y eso ya es suficiente.
🎥 ¿Prefieres verlo en video? Aquí está:

