Acabo de intentar escalar un volcán de 4,600 metros. Y créeme cuando te digo que eso fue más fácil que sentarme a escribir esto.

Por un par de semanas dejé de escribir ensayos porque estaba en esa batalla otra vez: el nicho correcto, la audiencia, cuál canal. Dos canales de YouTube que nunca tuvieron segundo video. Un newsletter que solo existe en mi cabeza. Un curso que grabé a medias. Tres guiones. Ideas en notas del teléfono que jamás abrí de nuevo.

Estaba convirtiéndome en lo que alguna vez fui al empezar. En el Creador Invisible.

Vista a la ciudad de Quito desde el volcám Rucu Pichincha

Si lees esto, estoy seguro de que eres el más curioso de la mesa. Notas detalles que otros no. Tienes opiniones formadas sobre los temas que te importan. Pero cuando quieres transmitirlas, cuando abres el documento, la pantalla en blanco te devuelve una pregunta que no sabes responder:

¿Quién soy yo para decir esto? Esto ya lo dijo alguien mejor. No está listo todavía. Espérate a la próxima semana, al próximo curso, al próximo equipo. Y así pasan los años.

A eso le llamo el Creador Invisible. La persona con talento, curiosidad y cosas que decir que nadie ve porque nunca publica. Tiene 30 carpetas organizadas, 90 ideas desarrolladas y cero publicaciones. Cuando le pones nombre ya no es un defecto intangible. Se convierte en un rol. Las buenas noticias es que es un rol que se puede cambiar.

Porque mira, también tienes ambición. Por ejemplo yo sé que la tengo, y a veces siento que me paraliza. A medida que crezco siento esta urgencia de “convertirme en alguien”, de crear mi espacio en el mundo. Me da terror tener una vida donde no haya podido crear algo que valga la pena. Me da miedo la mediocridad.

Y en estas semanas, subiendo esta montaña, seguía pensando en todas las cosas que quiero hacer: videos, escritura, arte, negocios, literatura, documentales, apps. Quiero hacer de todo. No quiero una vida que me limite a un solo camino.

¿También lo sientes?

A veces mido mi valor comparándome con lo que podría estar haciendo: podría estar escribiendo más, leyendo más, armando el negocio online, ayudando más, creciendo más. Y ese es el problema: nunca hay una meta definitiva.

En Google Earth veíamos la montaña que subíamos. Cada vez que llegábamos a un risco aparecía otro más grande, y luego otro más grande. Se siente así. Cada cosa que subes y crees que llegaste, aparece otra distancia. Las personas que cargan con esta ambición cargan con un secreto: nunca serán suficientes sin importar lo lejos que lleguen.

Al principio pensé que era solo pereza. Pero he descubierto que tiene más capas. Es miedo disfrazado. ¿Miedo a que te juzguen? ¿Miedo a ser irrelevante? ¿Miedo a que lo próximo que hagas no esté a la altura de lo que ya hiciste? ¿Miedo a volverte lo suficientemente visible para que otros te critiquen?

La pereza es un insulto que usamos cuando no entendemos el miedo. El Creador Invisible es alguien que tiene todo organizado, todo pensado, y aun así no se mueve y no es porque sea vago, es otra cosa.

Riscos del volcán - Google Earth

¿Por qué ahora sí?

Pensaste que era por técnica tal vez. Que no publicas porque no sabes editar, porque no sabes escribir, porque no tienes el equipo correcto, porque tu setup no se ve como el de los demás.

A mí me encanta colorizar mis videos. Me mandé miles de horas de tutoriales para lograr ese color que quería. Y hoy: ya nada de eso es la barrera. La IA edita. La IA transcribe. La IA genera miniaturas. La excusa de “no sé hacerlo” murió. Ahora la barra está más baja que nunca para empezar.

Esa excusa técnica es una forma de imitación diferida: “cuando tenga mejor equipo, cuando escriba como X, cuando mi setup se vea como el de Z.” Es una espera infinita.

Tenemos más fe en lo que imitamos que en lo que originamos.

Tendemos a valorar más las ideas y los estilos de los demás que los nuestros. Creemos que si alguien más ya lo hizo, entonces es lo correcto, es lo que tiene valor. Aceptar la incomodidad de ser diferente es difícil.

Pero más allá de lo técnico hay una pregunta que frena más que cualquier obstáculo práctico: ¿Quién me creo yo para publicar esto?

No es “¿cómo se edita?” No es “¿qué cámara compro?” Es “¿quién soy yo para tener algo que decir?”

Esa es la pregunta que mantiene al Creador Invisible en su lugar.

La identidad de reemplazo

Entonces, ¿qué me ha servido para dejar de ser ese creador invisible con mil ideas y mil gustos pero sin poder expresarlos?

Ser un Creador Documental.

Alguien que documenta su proceso. Que publica lo que aprende. Que construye en público. Documentar, para mí, ha tenido un peso enorme porque documentar es sinónimo de verdad: cámara en la mano o el teclado y ya “esto es lo que hay.” Tengo que pensarlo conscientemente porque si no vuelvo a caer en tratar de producir todo perfecto.

Hay un youtuber que sigo hace años. Se llama Tatsuki. He visto todo su proceso. Desde los videos sumamente producidos hasta sus videos actuales que son exactamente eso: “esto es lo que hay.” Hay días que graba con el celular, otros días con cámara. Se lo ve documentar, y sobre todo se lo ve disfrutar. Y personalmente creo que son increíbles.

La mayor parte de mi vida escondía el hecho de que estaba medio perdido. Con mi carrera, con lo que quería hacer en el futuro. En reuniones, la típica: todos preguntaban en qué trabajas, qué haces. Yo no sabía cómo explicarlo. Evitaba el tema.

Me encanta expresarme, crear y establecer vínculos, ser alguien creativo en general. Pero también me costaba encontrar mi propio lugar y definir quién era. Existe una tensión entre el deseo de ser aceptado y el deseo de expresarse.

Un día simplemente dije la verdad: “estoy tratando de crear algo online y no sé a dónde me va a llevar.” Para mi sorpresa, a las personas con las que estaba les interesó muchísimo. Me preguntaron qué recursos usaba, cómo editaba, en qué plataforma subía. Esa vergüenza jamás existió.

Por muchos años no me gustaba mostrar que procrastinaba, que no sabía qué hacer con los mil planes que se me ocurren. Me hacía sentir inseguro. Pero desde el momento que lo aceptas, a las personas no les importa, porque están en el mismo camino. Por eso documentar procesos funciona tanto.

El umbral

Cada cosa que publicas de aquí en adelante te acerca un paso a dejar de ser invisible. El umbral no es “cuando tenga mil suscriptores.” No es “cuando el video esté perfecto.” Es ahora. Es este momento. Es el título que escribiste.

El mejor consejo que he escuchado en lo que llevo creando es este: si te sientes perdido, construye algo. Un negocio, tu cuerpo, una habilidad, un newsletter. Cualquier cosa que te dé una razón para aprender y concentrarte.

No te preocupes por escoger la cosa correcta o el camino ideal. Tu entorno tiene una influencia enorme sobre lo que crees posible y lo que crees que deberías querer. Cuando todos a tu alrededor persiguen el mismo camino, es difícil salirte y preguntarte si ese camino todavía tiene sentido para ti.

Está permitido cambiar de opinión mientras aprendes más sobre ti mismo. La meta original no fue un error solo porque eventualmente elegiste algo distinto.

Yo vengo de estudiar medicina. Agarré una cámara. Grabé 106 videos. La diferencia entre el que fui y el que soy ahora fue que un día escribí un título. Y luego grabé. Y luego publiqué. Y luego otra vez.

Este post es la Semana 1. Vienen 11 más. No te voy a pedir que te lances a crear. No te voy a pedir que abandones todo y persigas tu sueño.

Te pido algo más pequeño.

Abre un documento nuevo. Escribe el título del video o del post que llevas meses posponiendo. Solo el título. Ni siquiera el primer párrafo.

Hazlo ahora.

Porque el Creador Invisible no deja de serlo cuando acumula más ideas. Deja de serlo cuando publica una.

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