Hay un tipo de dolor que viene de fábrica cuando eres creativo.
No es exactamente tristeza. Es más como estática. Sientes que tienes algo dentro — energía, ideas, ganas de hacer — pero no encuentras dónde ponerlo. No sabes qué dirección tomar, qué crear primero, si lo que estás haciendo vale la pena.
Yo viví así más tiempo del que me gustaría admitir.
Vengo del mundo de las ciencias biológicas. Medicina. Y eso tiene una forma muy particular de moldear cómo ves el mundo: todo tiene que tener evidencia. Todo tiene que poder medirse. "Medicina basada en evidencia" era la frase que se repetía todo el tiempo, y yo la asumí como verdad absoluta — que el mundo se mueve exclusivamente por lógica y hechos.
Tenían razón. Pero a medias.
Lo que nadie me explicó es que cómo cuentas esos hechos importa tanto como los hechos mismos.
Siempre estamos contando historias. Nos demos cuenta o no.
Cuando haces un pitch. Cuando pides un ascenso. Cuando convences a tus amigos de ir a un lugar específico, te disculpas con un cliente por un retraso, o le recomiendas una película a alguien. Todo eso es narrativa. Contar historias genera inspiración y finalmente hace que nos importen las cosas.
Los argumentos más convincentes no están hechos solo de datos. Están anclados en historias que le añaden emoción a esos datos. Y los humanos estamos, de alguna forma, cableados para eso.
Ethan Hawke lo explicó mejor que yo en su charla TED:
"La mayoría de las personas no pasan mucho tiempo pensando en poesía. Tienen una vida que vivir, y en realidad no les preocupan demasiado los poemas de Allen Ginsberg ni los de nadie, hasta que su padre muere, van a un funeral, pierden a un hijo, alguien les rompe el corazón, ya no los aman, y de repente están desesperados por encontrarle sentido a esta vida: '¿Alguien alguna vez se ha sentido tan mal? ¿Cómo salieron de esta nube?'
O lo contrario — algo grandioso. Conoces a alguien y tu corazón explota. Los amas tanto que ni puedes ver con claridad. '¿Alguien sintió esto antes? ¿Qué me está pasando?' Y es ahí cuando el arte no es un lujo, es sustento. Lo necesitamos."
Eso es lo que hace una historia. No te abruma con hechos. Te hace sentir que no estás solo.
Hay una frase que guardo desde hace tiempo:
"Mucha gente quiere ser, pero no quiere hacer. Quieren haber escrito un libro, pero no quieren escribir el libro. Quieren estar en forma, pero no quieren el tedio de entrenar."
Contar historias — escribiéndolas, grabándolas, compartiéndolas — me enseñó a querer el proceso, no solo el resultado.
Y el proceso es raro. Tiene niebla. Hay días en que ves bien lo que tienes cerca y días en que solo puedes ver borroso lo que quieres alcanzar, y en el medio hay dudas y cansancio y la sensación de que quizás no funciona.
Pero hay un tipo de cansancio que solo aparece cuando le das espacio a tu cerebro y tus manos a resolver un problema que estuvo contigo días o semanas. Y cuando lo terminas, de pronto estás más cerca de donde quieres estar.
Eso me llena. Más que el resultado.
Muchas cosas buenas en mi vida llegaron de tomarme el tiempo de interrogarme a mí mismo, poner en palabras lo que estaba sintiendo, y compartirlo. De contar historias desde lo que vivo y lo que pienso.
Las cosas hacia las que te sientes atraído naturalmente importan mucho. Son pistas. Tu trabajo es descubrir por qué.
Yo me sentí atraído a la cámara y al cuaderno. A observar. A registrar. No lo entendí de inmediato, pero con el tiempo vi que ambas cosas eran lo mismo: un lenguaje para entender mejor la vida que me rodea.
La historia es algo vivo. Es mía. Es una extensión de mí que viaja por el mundo. Y creo que es la mejor herramienta de autoconocimiento y autorespeto que he encontrado.
Eso, más que cualquier otra cosa, es lo que me ha salvado.
Si tienes ideas y algo que decir, te dejo una guía de referencia rápida con ejercicios para empezar a contarlo — en tu próximo post, video o newsletter. Incluye un prompt para estructurar todo de una vez.

Una cosa más, y la menciono porque forma parte de cómo construyo este newsletter.
Uso una app que se llama Sublime para guardar ideas, mezclarlas, conectar cosas que en apariencia no tienen relación. Es donde vive mi colección de inspiración — y fue parte del proceso de escribir esto que acabas de leer.
Cuando los contacté para hablar de cuánto me gusta la app descubrí que Sari, la CEO, y su socio son latinos. Pueden entrar gratis y explorarla. También tienen un canal de YouTube y un newsletter que valen la pena. Y si les gusta — creo que si escribes o creas, les va a gustar — pueden suscribirse con el código KEVIN para un 20% de descuento.
Gracias por leer,
Kevin
Descubrimientos inspiradores
Un short que me inspiró a crear este newsletter. thedoormanseed
De acuerdo al clima de tu ciudad sale una pintura de Rothko basada en ese clima, está genial. Rothko



